Los economistas explican que el presupuesto público es una tarta.
Una tarta tal que, por ejemplo, si se aumenta el consumo en armas hay que disminuir el consumo de otras partidas, como educación.
O, mejor dicho, la tarta es tal que los presupuestos públicos tienen que priorizar las necesidades a cubrir porque es imposible el “todo para todos”.
La sanidad es un campo del presupuesto público de inmenso tamaño.
Ha ido creciendo a lo largo de los últimos tiempos porque es expresión del avance de la civilización, del deseo de ofrecer a la población enferma la oportunidad del disfrute de la vida (y de evitar algunas enfermedades evitables).
Por ello hoy contamos con un sistema sanitario público de cobertura universal. Un sistema con pocas barreras de acceso y casi gratuito en el punto de uso. Un sistema sanitario público de cobertura universal que funciona relativamente bien y obtiene excelentes resultados en, por ejemplo, en mortalidad médicamente evitable.
En 2024 el presupuesto público total en España fue de 725.001 millones de euros.
A sanidad se destinaron más de 106.000 millones de euros, casi el 15% del total del presupuesto público. Unos 2.200 euros per cápita.
A educación se dedicaron unos 63.380 millones de euros, casi el 5% del total. Unos 7.000 euros por alumno.
A las armas se dedicaron directamente unos 23.000 millones de euros, casi el 3.5% del total.









