Esta entrevista forma parte de una serie realizada entre septiembre y diciembre de 2013 a 28 personas, buenas conocedoras de nuestra atención primaria. Hasta que no se recibieron todas ellas no se empezó su publicación semanal en este blog a partir de enero de este año. Más información aquí.
1) ¿Cómo describirías
en menos de 300 palabras la situación actual de la atención primaria en España?
Tenemos
que admitir que, desde un punto de vista histórico, entre 1980-1995 la atención
primaria (AP) española vivió una transformación como no se había conocido
anteriormente. Tanto en organización, como en equipamiento y funciones, la AP es
un nivel definido de prestación de servicios, con una dotación de material y
personal bastante homogénea en toda España, tanto en el medio rural como en el
urbano. Cabe destacar el establecimiento de la Medicina de Familia y
Comunitaria como especialidad, el
trabajo a tiempo completo y en exclusiva de los profesionales y la introducción
de la historia clínica como herramienta cotidiana de trabajo. Cuenta con gran
aceptación social y con el apoyo de las distintas opciones políticas que han
gobernado el Estado y las Comunidades Autónomas a lo largo de las tres últimas
décadas.
En términos sociológicos, la buena situación sanitaria de España
se debe en gran parte a que disponemos de una AP accesible y potente, porque
contribuye a lograr buenos indicadores de salud, con satisfacción de los
ciudadanos y a unos costes comparativamente asumibles. Además, la AP en España
ha sido un elemento fundamental en la mejora de los niveles de equidad
horizontal.
Otra cosa es la perspectiva personal y profesional, el grado de
entusiasmo o de frustración acumulados, sobre todo en los últimos 15 años,
cuando han empezado a hacer mella la excesiva homogeneidad de la AP, la convivencia
con compañeros no elegidos, la escasa innovación y adaptación a las
particularidades locales y a las nuevas necesidades de la sociedad, la falta de
estrategias claras de desarrollo de la AP y de propuestas creativas, la
pasividad laboral, la falta de liderazgo de los gestores, la impotencia ante
las crecientes demandas de la población por la medicalización de los problemas
sociales, y la conversión de los servicios asistenciales en bienes de consumo
ilimitados.








