Los hospitales aumentan su plantilla médica mucho más que la primaria, generan o mantienen buena parte de su demanda ambulatoria y pretenden imponer un control de aduana a las derivaciones del médico de familia (MF). ¿Y el paciente? Indefenso en medio. Todo, bajo el visto bueno de las gerencias de primaria, allá donde existan. Donde no existan (área única), es probable que la cosa sea peor. Y se impone con el relato buenista de que se hace por nuestro bien: para mejorar la atención al paciente y la resolución de la primaria; relato que sólo se creen cuatro ingenuos bobalicones. Y cuando el bobalicón es un gerente de primaria, entonces apaga y vámonos. De este modo, y sin norma estatal que lo respalde, se va imponiendo un segundo filtro en el sistema pues, por lo visto, no les parece suficiente el que ejerce, de forma epidemiológicamente justificada, el propio MF (aquí).
