domingo, 5 de noviembre de 2017

La prostitución de las palabras triunfa en sanidad


La crisis se ha llevado por delante algunas cosas. Una de las primeras fue el significado de las palabras. 


Primero fue la "austeridad"
Esto ha sido evidente con el significado de "austeridad". Hasta la llegada de la crisis, la austeridad era un valor. Ahora ya no lo es. Alex Grijelmo nos apercibió de ello en un artículo ya en 2013. La austeridad, lamentablemente, ha dejado de ser una virtud. El aumento de impuestos y los recortes del gasto público han formado parte de las llamadas "políticas de austeridad" impuestas por la troika (FMI, BCE y UE). Hasta la crisis, austeridad se asociaba con la idea de no ir más allá de lo necesario, sin lujos, sin alardes o sin excesos. Austeridad, pues, se contraponía a despilfarro. Hasta entonces, el rico podía ser austero y el pobre podía despilfarrar lo poco que tenía. Por lo tanto, si durante los años del boom económico-inmobiliario ("La Falsa Bonanza", lo han llamado) se hubieran desarrollado auténticas políticas de austeridad, sin lujos, sin alardes y sin excesos (no sólo por parte del Presupuesto del Estado), quizás la troika no hubiera impuesto sus "políticas de austeridad". Los últimos datos parecen indicar que no hemos aprendido demasiado bien la lección (aquíaquí y aquí) y el Banco de España se prepara para parar lo que no supo (o no quiso) parar hace años (aquí). Si las conductas y políticas se hubieran situado más próximas a la verdadera austeridad, ésta hubiera conservado su virtud. ¿Qué político se atreve ahora a presumir de ser austero en sus propuestas? Eso ocurre por no llamar a las cosas por su nombre: al pan, pan y a los recortes, recortes (no austeridad).


Ahora le toca a la "eficiencia" 
El titular de esta noticia ("Un gasto sanitario más eficiente, principal beneficio de los años de crisis") de Redacción Médica trata de resumir la principal conclusión del III Congreso Nacional de Relaciones Institucionales del sector Farmacéutico celebrado recientemente en Madrid con el siguiente programa. Corto y pego a continuación los dos primeros párrafos de la noticia pues no tienen desperdicio alguno:





Personal y farmacia de receta, dianas de los recortes 
El 80% de lo recortado en el SNS durante la crisis provino del gasto en personal y del gasto en farmacia de receta. De hecho, durante los primeros años de recortes se reduce mucho el gasto del binomio "personal + farmacia de receta" pero no se reduce en absoluto el resto del gasto que incluso crece hasta 2013 (aquí). Desde máximos, el gasto de personal se recortó un 11% y el gasto en farmacia de receta, un 22%. En esto consistió el grueso (80%) del recorte. Es importante tener en la cabeza estos datos para saber de qué estamos hablando y quién ha pagado los recortes (¿o debería decir "austeridad" o "eficiencia"?).



¿De verdad se ha aprovechado la crisis para hacer cambios de calado que mejoren el SNS?

Somos muchos quienes pensamos, como José Repullo, que no se ha aprovechado la crisis como oportunidad para mejorar la gestión ni la gobernanza del SNS, sólo como justificación o mera excusa para el recorte. Sin embargo, según la noticia que se comenta, no piensan así algunos altos cargos sanitarios que asistieron al congreso referido. Es más, algunos como Cesar Pascual, del que conocemos una edificante  propuesta de desaparición de la atención primaria, afirma que con la crisis la eficiencia de la actividad sanitaria ha aumentado un 20-30%. ¿Cómo lo habrá medido? ¿Es lo mismo "actividad sanitaria" que "sistema sanitario"? Es decir, el sistema sanitario ¿es ahora mucho más eficiente que en 2009? Hacer más con menos sólo es más eficiente si eso que se hace de más está indicado hacerlo. Hacer más no siempre es hacerlo mejor ni hacer lo mejor. En esta línea, y según la noticia, va lo manifestado por otro alto cargo asistente a ese congreso, Antonio Fernández Campa, que afirma que con menos presupuesto se han hecho más consultas. Efectivamente, las consultas han aumentado debido, sobre todo, al crecimiento de las segundas y sucesivas visitas a especializada (las que se generan a si mismos los propios especialistas). Las primeras no crecen, y las de atención primaria y las de urgencias hospitalarias se han mantenido estables, o han bajado incluso, durante la crisis (aquí). ¿Es este incremento de las segundas y sucesivas consultas a especializada una muestra de la "eficiencia de la actividad sanitaria", cuando no lo hacen las primeras, ni las de atención primaria ni las de urgencias hospitalarias? Alguien tendría que repasarse el concepto de eficiencia y plantearse si este más es mejor. A ver si va a resultar, ya tendría bemoles la cosa, que visitar, revisitar y volver a visitar a los pacientes en especializada se está convertiendo en un referente de eficiencia en el SNS. Sorprende también que se hable de que con menos se hagan más intervenciones cuando las listas de espera quirúrgica crecen (aquíaquíaquí y aquí) y afectan más a los más pobres (aquí, aquí, aquí y aquí




Una visión idílica de gestores de palacio
En fin, una visión idílica de la repercusión de la crisis en el sistema sanitario ofrecida por algunos de sus altos cargos, demasiado politizados, casi cortesanos palaciegos, palmeros de los políticos que les nombraron y que les acaban recompensando por ello (aquí). Una visión que contrasta con la realidad de los datos mencionados y con que, según el CIS, la sanidad preocupe más que nunca a los españoles (aquí) y su satisfacción con la misma haya empeorado año tras año desde 2010, según el último Barómetro Sanitario (aquí). 


En la cúspide de tan idílica visión asienta la afirmación de Fernández Campa de que "los indicadores en salud han mejorado". ¡Qué procacidad! Este señor debería saber que las medias ocultan las diferencias entre grupos, por lo que debería mirarse la evolución de la tasa de suicidios (aquí) y la salud de los parados de larga duración, la de los desahuciados y la de sus hijos (aquíaquí, aquí y aquí). A ver si va a resultar que lo que tenemos que hacer en los próximos años para mejorar la sanidad pública y la salud de los españoles es repetir la intensidad de los recortes efectuados entre 2009 y 2013. Es decir, seguir aplicando más "austeridad" y "eficiencia". Sin duda alguna, la prostitución de las palabras, con el subrepticio propósito de desfigurar la realidad, triunfa en sanidad.



Menos mal que tenemos gente con muchísimo talento 
como Paco Montalvo y Marta Guillén





3 comentarios:

  1. Juan,gracias como siempre, por tu brillantez y tu sabiduría.
    Añadiría a tu lista d palabras difusas y confusas otra q es clave: equidad. Reivindicada por todo actor del mundo sanitario q se precie (hasta el Gobierno Rajoy la esgrimía como argumento clave para justificar las reformas sanitarias en la introducción/preámbulo del Real Decreto -Ley d 2012!!!) y, sin embargo, in-definida o mal-definida por todos, hasta el punto d vaciarla d contenido real, como ha sucedido precisamente con "austeridad" y "eficiencia", para pasar a engrosar el caudal d términos q engordan la "neolengua" del poder. Ultimo ya un artículo sobre este tema q espero difundir antes d finalizar el año...
    Abrazo grande...!!!

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  2. Análisis brillante, totalmente de acuerdo también con el comentario sobre la equidad.

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