sábado, 17 de septiembre de 2022

Modernizar los recursos humanos: un lapsus de nuestro inconsciente colectivo organizacional


Escribiendo un texto de encargo sobre la situación de la atención primaria española, no sé muy bien por qué, me ha venido a la cabeza este artículo de 2004 publicado en JANO cuya actualidad apenas se ha erosionado 18 años después. Creo que la situación actual de la atención primaria es el resultado, entre otras cosas, del fracaso de un gerencialismo en su regulación “desde arriba” hasta el mínimo detalle organizacional de los centros. Un gerencialismo que se presenta a sí mismo como técnico y neutral, y que pivota justamente en algo tan poco técnico y tan poco neutral como es considerar a las personas, a los profesionales, como recursos (“recursos humanos”). Con los recursos, uno hace lo que quiere, con las personas no.



Modernizar los recursos humanos: un lapsus de nuestro inconsciente colectivo organizacional


El pasado 12 de febrero se publicaba en el BOE nº 37 de este año, el Real Decreto 182/2004 por el que se determina la composición de la Comisión de Recursos Humanos (RRHH) del Sistema Nacional de Salud (SNS). En la introducción justificativa de la norma se dice que dicha Comisión desarrollará "las actividades generales de planificación, el diseño de los programas de formación y modernización de los recursos humanos del SNS y la definición de los criterios básicos de evaluación de las competencias de los profesionales sanitarios, sin perjuicio de las competencias de las comunidades autónomas".

Tras leer esta introducción, uno se pregunta qué entenderá el legislador por “modernización de los recursos humanos”. Y es que, quizá, ese inconsciente colectivo de nuestra organización que equipara personas a recursos (“recursos humanos”) sea el responsable de expeler, en todo un BOE, un lapsus linguae tal, tan preñado de ignorancia e ingenuidad.

Las personas, las humanas evidentemente, no pueden ser modernizadas por el SNS mediante ninguna comisión (o programa) por mucho que se quiera. Los recursos, en cambio, sí. Las personas y, consecuentemente, los profesionales sanitarios en España ya son modernas por ser actuales y existir en pleno siglo XXI. Además, las personas son, generalmente, más modernas que las leyes que les rigen o gobiernan, incluidas las de más reciente aprobación. Se sostiene que las sociedades modernas y democráticas, y España lo es, generalmente van un paso por delante de las normas que las regulan u ordenan. Los profesionales sanitarios en España no son una excepción.

En cambio, no parece ser tan moderna la gestión de los llamados “recursos humanos” en nuestro sistema sanitario público. Reveladora, en este sentido, ha sido la regulación de las relaciones entre profesionales y organización basada hasta diciembre de 2003 en normas preconstitucionales (el Estatuto Jurídico del personal médico de la Seguridad Social de 1966, el Estatuto de personal sanitario no facultativo de las instituciones sanitarias de la Seguridad Social de 1973 y el Estatuto de personal no sanitario de las instituciones sanitarias de la Seguridad Social de 1971). Por no hablar de la llamada “OPE de consolidación de empleo”, engendro alumbrado tras una historia de años de pobrísima y asténica gestión de “recursos humanos” en nuestra sanidad. Sin embargo, para la modernización de la gestión de los “recursos humanos”, no basta con la aprobación reciente (noviembre y diciembre, respectivamente) de leyes como la de Ordenación de las Profesiones Sanitarias o la del Estatuto Marco. 

Los integrantes de la recién nacida Comisión de RRHH del SNS harían bien, bajo consenso y desinterés electoralista, en sentar las bases que permitan concebir y traer al mundo sanitario público español una política moderna de “gestión de recursos humanos”, o mejor dicho, de “gestión, motivación y dirección de personas”. Una política en la que las personas no se equiparen a recursos y en la que el respeto y la confianza sustenten las transacciones. Por ello, no sólo es deseable la humanización de la asistencia sanitaria al paciente, sino que la humanización de la gestión de los “recursos humanos” sería la mejor manera de modernizar dicha gestión y, consecuentemente, contribuir a humanizar también nuestro sistema sanitario como organización valiosa y con valores.

Ya en el siglo XXI deberíamos darnos cuenta (y obrar en consecuencia) de que las personas no son recursos, sino el capital que libera los recursos. Sólo las personas, no los recursos, son capaces de crear servicio, de ofrecer humanidad, amabilidad, calidez, hospitalidad, entusiasmo, pasión y compasión en un sistema sanitario que necesita tanto de estas cosas como de la efectividad, la eficiencia, la medicina basada en la evidencia y la calidad ¡total! que, por cierto, también dependen en gran parte de los “recursos humanos”.

La humanización de la gestión de los llamados “recursos humanos” debe sustentarse en la defensa y potenciación, sobre todo, de los valores que conllevan ver como importantes a las personas y su desarrollo (valores sustancialmente éticos). La humanización se sustenta en el principio de que las personas (pacientes, profesionales y gestores) y su desarrollo son lo más importante en una organización como la nuestra, que presta servicios y en la que personas trabajan con personas para satisfacer necesidades de personas.

Por lo tanto, habría que empezar a hablar de gestión de “personas” y no de “recursos humanos”. Mientras en otras organizaciones se habla de gestión de “personas y del conocimiento” la nuestra descubre la gestión de “recursos humanos” y crea una comisión para modernizarlos no para modernizarla. Los profesionales no se sienten ni son recursos sino personas, lo cual refleja lo dicho al principio de que las sociedades modernas, democráticas y desarrolladas van un paso (o más) por delante que las leyes que las rigen. Los miembros de esta Comisión deberían considerar 1/que la mayor parte (70%) de los profesionales de nuestro SNS poseen una cualificación profesional alta o muy alta; 2/ que, por ello, sus expectativas de desarrollo y satisfacción profesional y personal son potencialmente altas; 3/ que el conocimiento de nuestros profesionales es el recurso más importante con el que cuenta la organización, a pesar de ser un bien intangible; 4/ que la gestión del conocimiento en una organización como la nuestra no es más que la gestión de la capacidad que tienen unas personas para solucionar problemas a otras, y 5/ que la gestión de las personas en nuestro sistema sanitario público es (y, probablemente siempre lo sea) mucho menos moderna que las personas a las que pretende gestionar.

La mitad del presupuesto de la sanidad pública se destina al llamado “gasto de personal”. Que los profesionales del sistema sean considerados un “gasto” (en el mejor de los casos, inevitable) o, como mucho, un “recurso” (en el mejor de los casos, reemplazable o “modernizable”), transluce el valor de las personas en el inconsciente colectivo de nuestra organización. Un inconsciente que, en definitiva, impregna los modos y los medios de hacer de todos sus protagonistas, incluidos los del legislador, como se puede comprobar en el lapsus cometido en la redacción de este Real Decreto.








1 comentario:

  1. De acuerdo en que buena parte del contenido del escrito mantiene actualidad, y apostaría a que dentro de otros 18 años la seguirá manteniendo.

    Es lo que tienen, en general, los discursos basados en jerga de significado líquido, terminología de plastilina, conceptos tetris y lugares comunes utopistas. El abecedario político, vaya.

    Y lo mismo que cambiar el orden de los sintagmas o acicalarlos no altera el fondo del asunto, no esperemos grandes revoluciones sanitarias de las introducciones justificativas de los boletines oficiales... ni de sus analistas cuando tiran de la misma retórica.

    Por supuesto, sin ánimo de ofender y reconociendo el mérito de arrimar el hombro para mejorar las cosas. Loas a JS y a este blog.

    Dicen que el tal Lenin se llevaba la mano al cinto, donde portaba pistola, cada vez que escuchaba la palabra “libertad”. Directo, contundente, sin farfolla ni floripondio, y no menos actual, si no en lo instrumental sí en lo intencional.

    Personalmente, lo mismo me da que me gestionen como “recurso” o como “persona”. Me importa más, porque me afecta más, que los agentes de un paternalismo rancio y las campeonas de un sentido autoritario del servicio público dejen de entrometerse en la libertad, la responsabilidad, la privacidad, la creatividad, la iniciativa y lo que se les antoje de sus semejantes.

    Llámalo gerencialismo o llámalo “organización”.
    Como el mentado, la mano de uno se echa instintivamente al fonendo cuando ambos se hacen oír.
    Al tiempo clásico y moderno.

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