miércoles, 5 de mayo de 2021

Síndrome de ovario poliquístico: las mujeres como carne de cañón, por Mercedes Pérez y Juan Gérvas

Carne de cañón
Por su papel social de género y su especial biología en torno a la fecundidad y la maternidad, la mujer se han convertido en materia que alimenta el negocio de una medicina sin ciencia ni ética. Es decir, se ha convertido en carne de cañón. Lo demuestra bien en lo mental el sobreuso de psicofármacos como respuesta al agobio vital, y en lo físico el abuso de las mallas vaginales para la incontinencia urinaria. En un campo intermedio, sirva de ejemplo la prescripción de los parches durante el climaterio, la “terapia hormonal substitutiva”, que llevó a las mujeres del “eternamente femeninas” al “eternamente sanas” causando muertes, cánceres, embolias, infartos de miocardio y otros sufrimientos (1,2).
 

Síndrome de ovario poliquístico
En las mujeres en edad reproductiva es posible que haya ciclos anovulatorios por disfunción ovárica. Es decir, ciclos en que los ovarios no producen óvulos que se puedan fecundar, generalmente asociados con trastornos de la regla, que son los que suelen llevar a la consulta médica, y exceso de producción de andrógenos (hormonas masculinas).

Como causa de esos ciclos anovulatorios lo más frecuente es un trastorno denominado síndrome de ovario poliquístico, con ovarios en que no maduran los óvulos y androgenismo clínico (hirsutismo, acné, etc). Se suele asociar a infertilidad y a largo plazo a trastornos varios que persisten tras la menopausia, como obesidad, resistencia a la insulina, diabetes y síndrome metabólico.

 

Diagnóstico del síndrome de ovario poliquístico
Clásicamente se define el síndrome de ovario poliquístico por la presencia simultánea de dos características clínicas (a+b):

a) ciclos irregulares o anovulatorios y

b) hiperandrogenismo (con síntomas como acné y/o hirsutismo, o con cifras hormonales altas).

Los criterios de Rotterdam, desarrollados en 2003 por acuerdo entre expertos de sociedades de Estados Unidos y Europa añadieron al diagnóstico un tercer elemento:

c) la presencia de ovarios poliquísticos en la ecografía (ovarios grandes que tienen en su superficie numerosos pequeños folículos que no maduran).

Tales criterios no exigen la simultaneidad de los tres, basta con dos de ellos para el diagnóstico del síndrome de ovario poliquístico (3-5).

El cambio se suponía que permitiría mejorar los diagnósticos y el pronóstico respecto a infertilidad, diabetes, etc.

 

¿Qué implican los criterios de Rotterdam?
El cambio sustancial es que se pasa de una situación clínica a cuatro. Es decir, pasamos del a+b (dos criterios simultáneos) a cuatro situaciones que cumplen los criterios diagnósticos: a+b, b+c, a+c y a+b+c. Por consecuencia son muchísimas las mujeres que “cumplen criterios” y que serán diagnosticadas de síndrome de ovario poliquístico.

Parece un ejercicio de prestidigitación, pero es mucho más. Es la inclusión en un mismo apartado diagnóstico de mujeres con verdadero síndrome de ovario poliquístico (que se benefician de la atención médica) y de mujeres con variaciones de la normalidad ovárica, etiquetadas en falso y que no se benefician de la atención médica (al contrario).

Los criterios de Rotterdam amplían enormemente el número de mujeres afectadas por tal patología. Así, en Australia se ha estimado que la prevalencia se dobla entre las mujeres de 27 a 34 años, pues pasa del 9 a 18% (6). En el Reino Unido se calcula que puede cuadriplicarse la prevalencia, del 5 al 20% (7).

Tal incremento en la frecuencia del diagnóstico daña a las mujeres, por el “etiquetado” en sí, por el miedo a la (falsa) infertilidad futura, por la falta de impacto en mejores resultados en salud y por la estandarización de un curso clínico que es muy diferente según casos (6-8).

Especialmente daña a las más jóvenes, diagnosticadas a los 20-25 años, ya que muchas veces el problema se resuelve espontáneamente con el paso del tiempo (9).

 

¿A quién beneficia el incremento del número de mujeres diagnosticadas de síndrome de ovario poliquístico?
El incremento del número de mujeres diagnosticadas de síndrome de ovario poliquístico no beneficia a las mujeres, etiquetadas en falso y convertidas en carne de cañón de una Ginecología Comercial que ve incrementado su “mercado” sin mejorar la salud femenina.

La implantación de los criterios de Rotterdam es un ejercicio sin ciencia ni ética, un clásico del “disease mongering”, el lucrativo negocio de la promoción de enfermedades para ampliar el mercado que lleva a un innecesario y dañino sobrediagnóstico clínico (10).

Los criterios de Rotterdam convierten a las mujeres en carne de cañón.

 

Autores
Mercedes Pérez-Fernández, Especialista en Medicina Interna, médico general jubilada, Equipo CESCA, Madrid, España. Miembro de NoGracias mpf1945@gmail.com
Juan Gérvas, Doctor en Medicina, médico general jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España. Miembro de NoGracias jjgervas@gmail.com
 


Bibliografía




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2 comentarios:

  1. muchas gracias por la información
    Saludos desde el Mediterráneo
    Vita

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  2. Recuerdo cuando acudí a mi ginecóloga allá por el 1991 porque se alargaba la búsqueda de embarazo sin resultado y, solo con saber de mis ciclos irregulares y mirarme sentada enfrente me suelta que tendré un ovario poliquístico. Lo curioso de sentir la desfachatez del comentario y cuasi-diagnostico desde la silla por tan pocos datos y recordar de mis estudios que uno de los signos era hirsutismo (pensar, ¿en serio?, ya está? ¿me ha mirado?)
    Con analítica mediante, y otra ginecóloga enfrente se desechó el diagnóstico (sin ecografia) Eso sí, me propusieron tratamiento hormonal. Lo rechacé. No solo porque ya tenía una preciosa hija sino porque nunca he sido de darle al cuerpo "cositas" extra.
    Gracias por la valentía y el coraje de escribir estas verdades.

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