lunes, 2 de marzo de 2020

Análisis crítico del Marco Estratégico para la Atención Primaria y Comunitaria y sus propuestas de acción: (II) Financiación suficiente para hacer lo necesario y efectivo

El sistema sanitario español en su conjunto y más específicamente la Atención Primaria y Comunitaria (APyC) padecen un déficit de financiación “crónica”, acentuado a partir de la última crisis en la que, por cierto, y como muestran los datos aportados entre otros por J. Simó, el gasto en atención hospitalaria ha seguido creciendo mientras disminuía el correspondiente a la APyC con lo que se ha seguido incrementando el diferencial evolutivo entre ambos niveles.


El Marco Estratégico para la Atención Primaria y Comunitaria impulsado por el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social considera este aspecto en la introducción, pero lo olvida en sus conclusiones y en la propuesta de acción correspondiente --la B.1.1-- simplemente afirma que, a medio plazo, debe incrementarse de forma progresiva el presupuesto para la APyC. En el documento no se concreta ninguna cifra ni porcentaje para ello, lo que nos parece prudente debido al elevado riesgo de imprecisión, bien por exceso o por defecto. Pero sí se echa en falta alguna orientación, como la que suscriben muchos grupos y expertos que reivindican una distribución presupuestaria más equilibrada, lo que comportaría esforzarse por dedicar alrededor de una quinta parte de la misma a la APyC, en términos de media estatal, durante el próximo bienio. Y sobre todo introducir en el documento algunas consideraciones sobre el cambio de orientación y perspectiva que necesita nuestro sistema sanitario. Porque sin una estrategia adecuada dedicar más recursos no garantiza mejores resultados.

Los sistemas sanitarios de los países desarrollados muestran importantes problemas de ineficiencia y uso inadecuado de sus recursos y la APyC no puede considerarse ajena a este hecho, estrechamente relacionado con los problemas de sobrediagnóstico, sobretratamiento e iatrogenia evitable que padecen los sistemas excesivamente centrados en la atención individual a la enfermedad, el hospital y la tecnología. El Marco Estratégico menciona de pasada la necesidad de reorientar las actividades de la APyC eliminando aquellas sin efectividad demostrada y de baja relación coste-oportunidad pero evita afirmar que esta estrategia debe aplicarse también a fondo en el conjunto del sistema y muy especialmente en el ámbito hospitalario. Las propuestas de la estrategia de NO HACER nacieron en la APyC pero no podrán implementarse sin que sean asumidas y operativizadas en los hospitales y otros centros de internamiento de media y larga estancia. El documento del Marco Estratégico parece abonarse a la opinión de los que piensan que deben invertirse más recursos en sanidad sin antes delimitar con precisión los destinos finales de los mismos y priorizarlos de acuerdo con criterios de necesidad, oportunidad, efectividad y eficiencia. También parece asumir que los posibles nuevos recursos deben destinarse prácticamente de forma exclusiva a las actividades clínicas actuales olvidando la vertiente comunitaria, lo que se evidencia por la ausencia de mención alguna a la necesidad de asignar recursos específicos para el desarrollo de este grupo de actuaciones en el bloque de propuestas correspondiente del documento. Dedicar más recursos al ámbito comunitario implica una definición previa clara de lo que es y no es salud y actividad comunitaria, entre otras cosas para evitar caer en planteamientos más o menos exóticos de la atención comunitaria que podrían contribuir a la ineficiencia del sistema.

Efectivamente, la APyC necesita más recursos pero no solo o principalmente para seguir haciendo más de lo mismo que ahora sino para introducir cambios esenciales en el marco laboral de los profesionales facilitando la conciliación, potenciando su autonomía y disponibilidad de tiempo para desarrollar todas sus competencias y no solamente la actividad en las consultas, para promover su participación en programas de formación, docencia e investigación y para desarrollar una carrera profesional atractiva y por tanto motivadora, entre otros aspectos. Los nuevos recursos deberían servir también para generar incentivos para las actuaciones correctas de los profesionales (penalizando las inadecuadas) en un contexto de asunción de responsabilidades en la gestión y en la rendición de cuentas. No basta con reclamar genéricamente más recursos, es preciso especificar con claridad los ámbitos en los que se van a aplicar y delimitar en el tiempo su traslado a la práctica cotidiana de los centros y equipos y negociar con los afectados todas y cada una de las propuestas; solamente de esta forma se conseguirá que los profesionales las consideren creíbles. El Marco Estratégico se queda en las generalidades, no entra en las necesarias especificaciones acerca de los destinos prioritarios de los nuevos recursos y con ello desaprovecha una oportunidad de oro para potenciar su aceptación como instrumento útil para abordar los graves problemas que padece hoy nuestra APyC.

A. Martín Zurro y A. Segura Benedicto 
Febrero 2020                           





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