martes, 22 de noviembre de 2022

Análisis del cierre de la clínica londinense Tavistock para trans, por Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernández

Análisis del cierre de la clínica Tavistock en Londres, para trans (la única del servicio público en el Reino Unido). Grave confusión e imprudencia, y peligrosos errores científicos, éticos, filosóficos, médicos y sociológicos.

Un poco de historia
El Servicio Nacional de Salud (National Health Service) del Reino Unido cubre a toda la población siendo gratuita la atención, pues se paga por impuestos. En el caso de la población trans, ha tenido un sólo centro para todo el país, el de la clínica Tavistock en Londres, que empezó a atender en 1994 con una orientación fundamentalmente de terapias psicológicas de “esperar y ver” para cambiar en 2011 a terapias básicamente farmacológicas y quirúrgicas de “afirmación” (terapia afirmativa).


En todo caso, siempre ha sido un centro multiprofesional super-especializado y focalizado sólo en población trans (un centro de atención terciaria, el máximo nivel de especialización en este campo).Empezó atendiendo a 32 pacientes al año, básicamente varones que se identificaban como mujeres, para pasar a atender a miles en 2021, básicamente infancia y adolescencia femenina que se sentía del sexo opuesto. La demanda ha crecido tanto que la espera para la primera visita es de más de dos años.
La primera denuncia por abusos y errores fue en 2005, de una enfermera profesional empleada en la clínica, y desde entonces se han producido varias por lo que se inició un estudio e informe a fondo de sus procesos de trabajo en 2021 y en 2022 se decidió cerrar la clínica siguiendo la recomendación del informe independiente (“la revisión Cass”). Al tiempo, se han iniciado demandas judiciales de pacientes y familias por daños y perjuicios, hasta más de mil.
La propuesta del cierre en la primavera de 2023 va acompañada de la propuesta de crear varios centros regionales con orientación holística (no focalizada en el deseo trans sino en el conjunto de la persona que sufre para que se cuiden las vidas, no sólo la disforia/disonancia de género). Serán centros coordinados con la estructura sanitaria general, de atención sanitaria primaria, secundaria y terciaria.

El problema básico
La clínica Tavistock es la típica respuesta vertical a un problema sanitario. Es decir, la organización de una estructura médica física y profesional super-especializada y focalizada en un problema concreto.
Dicha respuesta vertical es vivida por los pacientes, sus familiares y la sociedad como “lo mejor” pues tal respuesta les confirma el excepcionalismo de su padecer, la idea de que es algo único, cualitativamente diferente y que no se puede aplicar a su caso nada de lo que se aplica a otros problemas y pacientes.
Todo ello es cierto, pero es cierto en general pues “no hay enfermedades sino enfermos” y la experiencia personal y familiar del vivir y sufrir es siempre única.
Pero lo mejor, lo que produce más beneficios que daños, no es la respuesta vertical sino la horizontal, la de la estructura general de la atención primaria que utiliza los recursos super-especializados focales ocasionalmente, para casos y problemas concretos. Así, los pacientes se integran con los demás pacientes y los médicos de cabecera atienden sus problemas habituales derivando sólo en casos complejos o con necesidades que justifican una atención específica. Los super-especialistas focales sólo atienden estos pacientes temporalmente para resolver la cuestión planteada pues la continuidad se ofrece en la atención primaria.
Las clínicas multiprofesionales focalizadas super-especializadas para trans tipo la clínica Tavistock tienen el problema básico de ver el mundo a través de su lente deformada, y de ahí su peligro.
Es una visión monocular, de cíclope, un poco “el que va para martillo del cielo le caen clavos” lo que les impide tener una visión general, holística de las personas (a las que reducen a la cuestión de su super-especialidad, en este caso lo trans y la disforia/disonancia de género). Se focalizan en dicha cuestión y llegan a ignorar todo lo demás, así sea fundamental en la vida de los pacientes, y de ahí los errores y el daño sin beneficios.
Se trata de un visión monocular y mecánica, pues supone que los humanos somos sencillamente complicados y realmente somos complejos, en el sentido de sistemas complejos. Es decir, que nos caracterizamos por un comportamiento imprevisible cuando se modifica cualquier elemento básico y por ello es imprudente e inapropiado introducir, por ejemplo, bloqueadores de la pubertad sin seguir muy estrechamente a los pacientes y sin un plan de investigación que permita deducir enseñanzas generales.


Dieciocho problemas concretos (por orden alfabético, no por orden de gravedad)

1.- “Así se os dará, si así lo exigís”
El cambio del “esperar y ver” psicológico a la “terapia afirmativa” farmacológica y quirúrgica se justificó por la demanda de los pacientes y familias. Tras largos meses y años de espera para primera cita, es cierto que muchos pacientes habían hecho la “transición social” (se comportaban, vestían y nombraban del sexo opuesto) y exigían la inmediata y aparentemente fácil solución del tratamiento médico y quirúrgico. La solución que se pedía, y generalmente se conseguía, parecía mágica y la medicina omnipotente, todo ello en un mundo de hadas en que era posible transformar deseos en realidades sin “pagar” peaje, gracias al aparente desarrollo científico y tecnológico que permitía lograr una “copia” fiel del original en el sexo opuesto.

2.- Ausencia de seguimiento, del recorrido vital de las personas atendidas
Tras la instauración de tratamientos farmacológicos de los que desconocemos casi todo sobre los efectos secundarios, como los bloqueadores de la pubertad, no hubo un seguimiento para determinar efectos adversos, ni psicológicos, ni sexuales ni somáticos. Tampoco hubo nunca un plan asociado de investigación, para aprender de errores y aciertos. Ni siquiera hay datos sobre el número de pacientes que abandonaron el proceso, que pasaron de bloqueadores a tratamiento con hormonas, que sufrieron daños graves, que intentaron el suicidio o se suicidaron, o que detransicionaron (revirtieron el camino de volverse trans, en lo que se pudiera).

3.- Automatismo, trabajo grosero ante la complejidad del sufrimiento humano
Muchos pacientes, especialmente en infancia y adolescencia, llegaban a la clínica Tavistock con un sufrimiento complejo que era ignorado pues la respuesta era casi automática y siempre rápida. El foco era lo trans (la disforia/disonancia de género), y lo trans era lo único importante. Así, se ignoró todo lo demás, a veces tan central como el acoso escolar por homosexualidad que una vez resuelto puede cambiar el deseo de transicionar. También la familias rotas, pobres, desestructuradas, con problemas médicos, biológicos y psíquicos, sociales, etc. Así mismo, el autismo, la anorexia, las conductas de auto-lesiones, la vivencia de soledad y aislamiento extremo, etc. No hay datos sobre los problemas “acompañantes” de los usuarios que acudían por primera vez. Todo lo que se esperaba era trans (la visión monocular del cíclope, los clavos de quien está estructurado como martillo). Y automáticamente todo era trans, y la respuesta era trans, sin la mínima visión holística tan necesaria en la clínica. No se cuidaban las vidas, se cuidaba simplemente la disforia/disonancia de género.

4.- Banalización del diagnóstico de disforia/disonancia de género
La disforia de género, o la disconformidad-disidencia de género, implica en muchos casos un sufrimiento mental cierto pero no se debería banalizar como se hacía de rutina en la clínica Tavistock al justificar su existencia con, por ejemplo, el deseo de una adolescente de imitar a los varones en sus juegos. O por el rechazo a “lo rosa” de una niña. O por el natural y frecuente rechazo al propio cuerpo en efervescencia durante la adolescencia (desarrollo de las mamas y presencia de la menstruación en chicas, desarrollo de la barba, de la nuez y del tono vocal varonil en los chicos, por ejemplo).

5.- Carencia de estudios de la propia actividad clínica en Tavistock a lo largo de los años
Aunque parezca increíble, la clínica Tavistock tuvo niveles de auto-exigencia, de control de calidad, de formación y de investigación muy por debajo de la media en el Servicio Nacional de Salud británico. No hay datos sobre la evolución de la respuesta a las demandas de pacientes y familia, ni siquiera sobre los propios pacientes y sus múltiples problemas. No hay estudios sobre la adecuación de la respuesta a las necesidades. No hay tampoco sugerencias para estandarizar los datos y poderlos utilizar en docencia e investigación.

6.- “Consenso clínico”
El vacío científico de las respuestas clínicas, de la terapia afirmativa, se rellenaba con un argumento de autoridad, el dogmatismo del “consenso clínico”, del “consenso científico”. Es decir, no había estudios ni propios ni ajenos que dieran fundamento a las decisiones en las consultas pero existía el respaldo del acuerdo unánime al respecto. Todos los profesionales estaban de acuerdo (lo que era más fácil de conseguir con las presiones a quienes dudaban). El consenso clínico justificaba decisiones irracionales.

7.- Consentimiento informado
Dadas las incertidumbres de la terapia afirmativa es imposible, incluso para adultos, tener una idea cierta de los daños y riesgos que se aceptan. Por ello el consentimiento informado era imposible en menores de edad, pero sus familiares aceptaban firmar ya que se les ofrecía como si hubiera pruebas (evidencia) de su acción, y como algo vital, que cambia las vidas y evita muertes. Por supuesto, todo ello es falso y la terapia afirmativa plantea graves problemas prácticos y éticos, desde su impacto en la fertilidad futura a los cambios en sexualidad y el placer sexual. Se pretende que la razón instrumental lleve a responder sólo dos preguntas, “¿Se puede hacer técnicamente?” y “¿Cumple sus propósitos?” y se abandone la reflexión ética en torno a la tercera pregunta, clave, sobre los efectos a largo plazo y sobre la dignidad humana: “Cuáles con las consecuencias?”.

8.- Creencia convertida en dogma de fe de que el sentimiento trans (de disforia/disonancia de género) es innato y estable
En la clínica Tavistock nunca hubo dudas acerca del fenómeno de la moda trans, de su contagiosidad a través de las Redes y de la actividad de las organizaciones trans y LGTBI+*, pues era dogma de fe que la identidad de género es innata y estable y que se puede expresar a edades tan tempranas como los dos años. Se ignoraba, pues, que coincide el desarrollo de las nuevas tecnologías con la multiplicación de las identidades y el incremento de fenómeno trans. “La posibilidad de jugar con la propia imagen, la desvinculación de ésta de la materialidad del cuerpo y la posibilidad de compartirla en las Redes por todo lo extenso del planeta le han dado forma y legitimidad a las máscaras de cada cual”. “Lo trans es solo la punta de un iceberg de un nuevo paradigma social caótico y fluido, de nuevas expresiones subjetivas que acentúan las disonancias entre el cuerpo y la identidad de género”.

9.- “El tratamiento crea la enfermedad”
Una vez que se empieza con los bloqueadores de la pubertad se impide el normal desarrollo de la identidad de género. Es decir, se inicia una cascada imparable que crea un estrecho recorrido que lleva inevitablemente al siguiente paso, al tratamiento de por vida con la hormona apropiada (femenina-estrógenos para el caso de transicionar a mujer y de masculina-testosterona para el caso de transicionar a varón). La identidad de género es algo fluido en la pubertad y adolescencia, y si se deja pasar el tiempo respetando la dignidad y las dudas (el “esperar y ver”) la mayoría de pacientes en infancia y adolescencia no tiene un recorrido vital que acabe en trans. Los tratamientos farmacológicos y quirúrgicos de “afirmación”, y la transformación social de la infancia y adolescencia trans, pueden ser de hecho en muchos casos eficaces “terapias de conversión a trans”. Nada es inocente ni neutral, todo tiene importantes consecuencias en la personalidad propia y su cosmovisión social. La identidad de género, como cualquier otra característica personal, está sometida a vaivenes, pero algunos de los tratamientos trans iniciados en la infancia y adolescencia no tienen vuelta atrás. Parodiando a Baltasar Gracián, “del propio tratamiento surge la conversión trans”.

10.- Evitación de críticas y dudas profesionales mediante acusaciones de transfobia y ultraderechista
Entre los trabajadores, muchos de ellos muy calificados, era natural que surgieran dudas y críticas, que si se hubieran escuchado podrían haber evitado los problemas graves. Por ejemplo, tratar como trans a quienes sencillamente eran homo o bisexuales. Lamentablemente, la clínica Tavistock se caracterizó por un ambiente profesional que rechazaba dudas y críticas con el argumento falaz e inmediato de calificarlas de “transfobia” y “ultraderechista”. Con tales calificativos se lograba el silencio de quienes pensaban que las cosas se podían hacer mejor o no hacer. También se provocó un flujo constante de profesionales que “votaban con los pies” y abandonaban el trabajo con la consiguiente inestabilidad de la plantilla laboral.

11.- “Excepcionalismo”
En general, la existencia de centros multiprofesionales super-especializados y focalizados en lo trans no ayuda a “normalizar” el problema pues la discriminación positiva de su existencia es, también, discriminación. La clínica Tavistock hacía sentir a sus pacientes que eran excepcionales y que se les aplicaban métodos también excepcionales, por lo que se creaba una especie de secta con sus costumbres, discursos y normas, lo que acentuaba el narcisismo que muchas veces acompaña a la adolescencia en general y a los problemas de disforia/disonancia de género en particular.

12.- “On-off” (encender/apagar)
A pacientes y familias se les hacía creer que la terapia afirmativa podría pararse en cualquier momento, sin consecuencias ni secuelas, como si fuera algo mecánico del estilo de encender/apagar (la visión mecánica de los humanos que ignora que somos sistemas complejos, y por ello imprevisibles). Tal estilo asertivo y simplificador se impuso en la práctica clínica y en las relaciones con los medios de comunicación. Con esta visión mecánica se justificaba, además, el escaso seguimiento una vez iniciado el tratamiento. Todo ello producía un clima de falta de control de la seguridad del paciente (seguridad siempre clave en los tratamientos médicos pero más si se emplean terapias experimentales). Por supuesto, gran parte de los efectos de los medicamentos son imprevisibles e irreversibles y más por el forzar una transición que lleva a la posterior hormonación y cirugía, todavía más irreversible.

13.- Presión de las organizaciones LGTBI+*
La clínica Tavistock vivía en un clima de aprobación de su actividad por parte de la comunidad trans, que influía en crear un ambiente de irresponsabilidad clínica, por la presión para la respuesta inmediata y urgente. Entre las organizaciones LGTBI+* que actuaban de lobistas, de grupo de presión y cabildeo para crear dicho ambiente: GIRES (Gender Identity Research and Education Society), Mermaids, Pink News y Stonewall. A través de estas organizaciones llegaba la presión de Estados Unidos, donde confluye el capitalismo con la filosofía queer para generar un inmenso negocio.

14.- “¿Qué prefiere: que sea trans o que se suicide?”
El chantaje moral del riesgo incrementado del suicidio en la población trans se utilizaba para evitar dudas y para lograr el “consentimiento informado” de familiares de menores. La terapia afirmativa, con bloqueadores de la pubertad por ejemplo, conlleva tal incertidumbre respecto a daños que no se puede recomendar su mejor forma de utilización y algunos profesionales lo han comparado a la imprudencia con la que se implantó y utilizó la lobotomía en la primera mitad del siglo XX.

15.- “Spin”, inflado (agitación y propaganda)
Gran parte de la actividad de la clínica Tavistock y de las organizaciones LGTBI+* que la apoyaban se centró en el “inflado” de sus resultados y en la agitación y propaganda consiguiente. Se emplearon técnicas varias, típicas de la adulteración de datos y resultados científicos, con lo que se sesga la visión de un problema o tratamiento. Así, deducciones, extrapolaciones y recomendaciones sin fundamento presentadas como “evidencia”, manipulación de presentaciones y gráficos para hacerlos atractivos y ciertos siendo falsos, etc. Buen ejemplo de tal manipulación es la presentación del cierre de la clínica Tavistock como un triunfo ya que lleva a la creación de múltiples centros en el Reino Unido, obviando el análisis de los graves daños que provocan su cierre y la reorientación holística de los nuevos centros.

16.- Terapia afirmativa como derecho humano
Aunque cuesta creerlo, no hay “derecho a la salud”, sino a la protección de la salud y a la atención de la enfermedad. Es decir, la salud es un bien innato, como la inteligencia y la bondad, y los poderes públicos lo que pueden hacer es promoverla, protegerla, prevenir su pérdida y prestar atención al sufrimiento y la enfermedad. Nadie tiene derecho, por ejemplo, a no morir. Hay derechos humanos de "primera generación", los que se refieren por ejemplo al derecho a la vida y a las libertades (política, de credo/religión, de asociación, de expresión, etc.). Hay derechos humanos de "segunda generación", de acceso a la educación y a la atención a la salud, de tener un trabajo en condiciones saludables, y otros. Los derechos de “tercera generación” se vinculan a la solidaridad y son heterogéneos. Se refieren, por ejemplo, a la protección del medio ambiente, a la paz, a la manipulación genética, etc. En la clínica Tavistock la terapia afirmativa se promovía, en falso, como un derecho humano de “primera generación” y con ello se confirmaba la excepcionalidad trans citada, como si no fuera suficiente ser humano para ser tratado con dignidad y tener derechos humanos inalienables.

17.- Tratamientos experimentales que pasaron a ser tratamientos rutinarios
Hay escasa investigación sobre los efectos y consecuencias de las terapias afirmativas, y lo poco que se sabe es más bien en adultos, sobre hormonación y cirugía. El aplicar a adolescentes los bloqueadores de la pubertad tiene impacto inmenso en su desarrollo físico, psíquico y sexual, también en la maduración cerebral (establecimiento de tareas sobre planificación, decisión y juicio personal y social) pero sabemos poco de ello. Irresponsablemente, se ofrecían los tratamientos como seguros, y ni siquiera se plantearon el seguimiento de efectos adversos en la población tratada.

18.- “Yo soy el que soy”
Para recibir atención en la clínica Tavistock los pacientes no precisaban diagnóstico médico alguno. Los clínicos no tenían nada que decir al respecto pues la voluntad del propio paciente y el auto-diagnóstico eran ley. Bastaba su declaración de “vivir en el cuerpo equivocado”, o similar, para que nadie pudiera poner en duda tal sentimiento y se iniciara todo el proceso de “terapia afirmativa”, sin casi vacilación. Los clínicos obviaron sus responsabilidades básicas como la implícita de diagnosticar antes de tratar (en positivo, “es lo que es”, y en diferencial “no es otro problema”). Se pretendía despatologizar el asunto trans, evitando el diagnóstico médico (“yo soy el que soy”), pero al tiempo se pedía y conseguía tratamiento médico, la terapia afirmativa. Dicho tratamiento médico exige, en buena lógica científica y clínica, de un diagnóstico que asegure su adecuación.


Síntesis
Los problemas de la clínica Tavistock son los problemas típicos de los centros multiprofesionales super-especializados y focalizados sólo en población trans (un centro de atención terciaria, el máximo nivel de especialización). La grave confusión e imprudencia y los tremendos errores científicos, éticos, filosóficos, médicos y sociológicos de la clínica Tavistock han provocado su cierre y llevado a la propuesta de la creación de centros regionales con orientación holística (no focalizada en el deseo trans sino en el conjunto de la persona para que se cuiden vidas, no sólo la disforia/disonancia de género). Centros coordinados con la estructura sanitaria de atención sanitaria primaria, secundaria y terciaria. Es decir, se transforma una organización vertical en otra horizontal que acaba con el excepcionalismo trans. Convendría un estudio similar respecto a la actividad de clínicas parecidas a la Tavistock en España, por ejemplo Trànsit en Cataluña y Transbide en Navarra y las que han generado las leyes trans autonómicas y la futura Ley Trans estatal.


Bibliografía

-“He nacido en un cuerpo equivocado”, afirmación poderosa y contagiosa pero falsa. Guía para familias preocupadas por lo trans

-How the Tavistock came tumbling down. Here’s to the parents, whistleblowers and detransitioners who led the charge against this dangerous clinic

-La Ley Trans desde el punto de vista clínico y de salud pública

-Reino Unido. El fin de la era Tavistock y su clínica de género para menores

-Spinning the Tavistock Story Activists are twisting the closure of Tavistock as a win for gender ideology

-Tavistock, o el patinazo trans con los menores

-Tavistock to face possible clinical negligence claims over gender identity service

-The Cass Review. NICE Evidence Reviews

-The Cass review. Interim report

-Una salida posible: identidades sexuales y adolescencia. La Ley Trans, desde un centro de salud mental

-What went wrong at the Tavistock Clinic for trans teenagers? https://segm.org/GIDS-puberty-blockers-minors-the-times-special-report


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Autores:
  • Juan Gérvas, Doctor en Medicina, médico general jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España. jjgervas@gmail.com @JuanGrvas
  • Mercedes Pérez-Fernández, Especialista en Medicina Interna, médico general jubilada, Equipo CESCA, Madrid, España. mpf1945@gmail.com

1 comentario:

  1. Comprendo la necesidad de despatologizar del colectivo. Ello implica aceptar que no hay patología psiquiátrica previa ni concomitante. Pese a no constituir o considerarse patología, la persona trans casi siempre (y precozmente) se somete a tratamientos o bloqueos hormonales. Tratamientos con implicaciones médicas a corto, medio y largo plazo. Tratamientos, por tanto, que precisan la atención de personal médico especializado. Y un seguimiento. Y unos controles analíticos. Quiero decir, por tanto, que aunque pretendamos despatologizar, sus necesidades los convierten en pacientes. Sujetos, pues, al esquema consulta, diagnóstico y tratamiento.

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